Frankenstein, o el moderno Prometeo

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Aquí viene mi primera recomendación literaria: Frankenstein, de Mary Shelley.

De todos los que he leído, es mi clásico favorito, y escribo sobre él porque quiero matar la imagen hollywoodiense que seguramente tenéis de Frankenstein.

Para empezar, el monstruo no se llama así. Victor Frankenstein es su creador (aunque finalmente el  monstruo haya acabado adoptando el nombre de éste). Obviamente, esta no es la diferencia crucial película-libro, la diferencia está en, digamos, la profundidad de la novela.

Se ha difundido la idea de que Frankenstein es un ser terrorífico, malvado, que incluso tiene una novia, y que asesina por donde va. Pero el libro es mucho más profundo, va más allá: es una enorme crítica social.

RESUMEN DEL LIBRO: Victor Frankenstein, en su deseo de alcanzar el nivel de dios, a través de restos cadavéricos y gracias a avances eléctricos, logra crear una criatura que no llega a ser hombre pero tampoco es un muerto. Su criatura es tan deforme y desagradable que el doctor lo rechaza de inmediato y lo abandona a su suerte.

El engendro vaga solitario en un mundo que le niega, no le comprende y le repudia. El monstruo anhela la amistad y el cariño de las personas que encuentra, pero lo único que logra es asustarles. Así pues, opta por pedirle a su creador una compañera de “su misma especie” a la que poder amar y ser amado, pero Víctor rechaza la idea, convirtiendo así a su creación en un verdadero monstruo lleno de sufrimiento, odio y con una sed de venganza inagotable, creciente a momentos, que volcará sobre su creador, arrebatándole lo que se le niega: seres queridos (no puedo generar amor, causaré terror, le dice el monstruo a Víctor). Víctor jura perseguir al monstruo hasta que uno de los dos muera. Dejo que descubráis vosotros mismos el final.

El libro es así, está cargado de crítica social, de psicología, de sentimiento, de soledad, de odio, de venganza… Ilustra el duro comportamiento humano hacia lo diferente, y lo horrible que es ser distinto. Es una historia muy emocionante que te hará reflexionar sobre la humanidad y sobre ti mismo. Todos pensamos en Frankenstein como un temible monstruo, cuando él es la principal víctima, cuando no pudo haber sobre la faz de la Tierra un ser más desolado y sufriente que él.

Cómo puede acaso un ser malvado pensar así:

“¿Qué era entonces yo? Ignorante de cuanto se relacionara con mi creación y mi creador, sabía en cambio que no tenía dinero, ni amigos ni propiedades. Además, era el mío un aspecto deforme y espantoso; ni siquiera tenía la misma naturaleza del hombre (…) Al fijarme a mi alrededor no venia ni oía a nadie como yo. ¿Seria, pues, un monstruo, un ser singular en la tierra, del cual huían y se horrorizaban todos? No puedo explicar la agonía que me provocaron tales pensamientos. Traté de alejarlos, pero la pena iba en aumento a medida que profundizaba mis conocimientos. (…) ¡Qué extraña cosa es el conocimiento! Una vez que ha penetrado en la mente, se aferra a ella como la hiedra a la roca.”

“Otras lecciones se me grabaron todavía más profundamente. Aprendí (…) cómo encantan a los padres las sonrisas de sus hijos menores, (…) cómo las madres dedican vida y cuidados a tan preciosa carga (…) Pero entonces me pregunté dónde estaban mis amigos y mis parientes. Nunca padre alguno vigiló mis días de infancia, ni hubo madre que me bendijera con sus sonrisas y sus caricias. Y, si los hubo, toda mi vida anterior era una eterna noche, lúgubre, un vacio total en el que no percibía nada. Hasta donde recordaba mi memoria, he sido siempre como lo era entonces (…) Jamás había topado con ser alguno que se me pareciera o con quien me ligara lazo de ninguna especie. ¿Qué era yo?”

¿Veis la agonía que sufría este monstruito al ser diferente, por su soledad? Y todo por el rechazo social. Él mismo diría “Nací bueno, pero los sufrimientos han hecho de mí lo que soy: un enemigo”.

Historia a parte, es por todo esto por lo que me gusta tanto el libro: no importa que fuera escrito en 1816, consigue adaptarse perfectamente en nuestro siglo XXI. Porque hay cosas que no cambian, y el desplazamiento social por lo extraño y lo desconocido es una de ellas.

Si queréis enriqueceros literariamente hablando, leed – casi – cualquier cosa, pero no os olvidéis de los clásicos. Yo os recomiendo este.

Pues los clásicos nunca pasan de moda.

PD: y sí, la muñequita de la fotografía soy yo 😛

Déjà vu infantil.

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Me gustas así como cuando de pequeña se derretía el algodón de azúcar en mi boca. Y tus besos en la nuca son igual de electrizantes como los Peta Zetas. Cuando nuestras lenguas se rozan siento la misma explosión que cuando tenía un Bubbaloo en la boca, lo mordía y salía todo el liquidito. Me das la misma alegría infantil que mi capítulo favorito de Mickey Mouse. No, más bien, la misma alegría que sentía cuando Odie me despertaba a besos/lametazos. Cuando me acurruco en tus brazos – en mi sitio VIP – siento la misma calidez que sentía en las mañanas que notaba el sol en mi piel y escuchaba al afilador, intentado descubrir la identidad de ese  “misterioso flautista repetitivo”. No, creo que se parece más a cuando sacaba la cabeza por la ventanilla del coche en una gasolinera y cerraba los ojos, disfrutando del olor a gasolina. Porque verte de sorpresa me alegra igual que los regalos que me dejaba el escurridizo de Papá Noel, que nunca se dejaba ver, por mucho que lo buscase con mi hermana por la barriada en la fría noche del 24 de diciembre. Me gusta que me digas “ven aquí” (y lo que le sigue) casi tanto como el ruido de las hojas secas al ser pisoteadas. Porque también me haces feliz como cuando se comía Telepizza, cuando se me caía un diente y venía el Ratoncito Pérez, cuando faltaban horas para que llegase la Tita Tarja de Finlandia, cuando mi madre me cogía del dedo gordo del pie y decía “todi-dodi”; aunque también tienes el poder de hacerme sentir igual que el día que mi madre grabó sin querer sobre mi VHS de Michael Jackson, o como cuando se me quedó la mano atrapada en una máquina de bolas en medio de un centro comercial, o como cuando no podía ir a casa de mis hermanas, o como cuando se murió mi primer hámster, o como cuando no venía Nukkumatti a echarme su unihiekkaa, o como el día que descubrí que América no se colonizó a través de la palabra, la paz y la amistad: triste.

¿Pero sabes qué es lo mejor? Que siempre intentas hacerme reír como lo hacían mis películas de Mr. Bean. Y a veces te gusta sorprenderme igual que el día que descubrí que mi mancha rosa del pie no lo tienen todos los seres humanos de este planeta. O me ayudes a lograr mis metas, como me ayudaron en su día a comprarme la Game Boy Advance, junto con el juego de Super Mario Bros y Pokémon Rojo, mi mayor tesoro.

 

Eso eres, un constante déjà vu infantil.

Indignada con ’50 Sombras de Grey’

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Hace un par de días comencé a leer 50 Sombras de Grey. Tengo amigas y conocidas que adoran la trilogía. Por su temática – a mi parecer – machista sabía que no me iba a gustar pero, como todo, merecía una oportunidad.

Pues bien, lo he dejado en la página 135 de 540. Y no, NO es normal en mí dejar a medias un libro. Es más, es la segunda vez en mi vida que ocurre.

Y es que este libro me repatea las entrañas, principalmente por dos asuntos:

  1. Su lenguaje. Yo lo definiría como “un libro escrito por una adolescente para adolescentes”. Pienso que uno de los motivos de su triunfo es sencillamente que la gente no lee. Cuando cojo el libro, siento que leo esto: “ay tía, creo que le gustas. ¡Pero qué dices! Yo no puedo gustarle a un hombre tan guapo y perfecto… Ay, ¿será que le gusto? ¡Ay tía qué nervios jó!”, etcétera. La escritora no sabe dar pinceladas, no sabe de sutilezas, no, ella te tira el bote de pintura encima. Si los/las amantes de Christian Grey exploraran más, encontrarían verdaderas joyas literarias, una escritura que te relames del gusto. Además, que libros eróticos han existido de siempre, 50 Sombras de Grey no ha sido ninguna novedad ni rompe tabúes ni moderno. A decir verdad, nunca he leído uno, pero apuesto a que los hay mejores. Es más, ni siquiera hay que leer libros específicamente eróticos para excitarse, los hay que también humedecen…
  1. Su fama. *Minispoiler* El libro trata de una jovencita inocente recién graduada, Anastasia Steele, que nunca se ha enamorado – ni siquiera ha probado el alcohol – y por cosas del destino conoce a un apuestísimo, famosísimo y riquísimo empresario, Christian Grey. Ella se enamora de él a primera vista y le desea, quiere vivir con él todo aquello que no ha vivido antes, aunque no le conozca de nada. A Grey también le gusta Anastasia, aunque tampoco la conozca de nada. Grey es un hombre MUY autoritario, tanto, que para acostarse con Anastasia y hacer sus sadojueguecitos ella tiene que firmar ciertos contratos con reglas tales que así:
  • La Sumisa estará disponible para el Amo desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, todas las semanas durante la vigencia del contrato, a horas a especificar por él.
  • El Amo acepta el control, el dominio y la disciplina de la Sumisa durante la vigencia del contrato. El Amo puede utilizar el cuerpo de la Sumisa en cualquier momento durante las horas asignadas, o en horas adicionales acordadas, de la manera que considere oportuno, en el sexo o en cualquier otro ámbito.
  • El Amo mantendrá un entorno estable y seguro en el que la Sumisa pueda llevar a cabo sus obligaciones para servir al Amo.
  • El Amo no prestará su Sumisa a otro Amo.
  • La Sumisa servirá al Amo en todo aquello que el Amo considere oportuno y debe hacer todo lo posible por complacer al Amo en todo momento.
  • La Sumisa aceptará sin cuestionar todas y cada una de las acciones disciplinarias que el Amo considere necesarias, y en todo momento recordará su papel y su función ante el Amo.
  • La Sumisa no se tocará ni se proporcionará placer sexual sin el permiso del Amo.
  • La Sumisa no mirará directamente a los ojos al Amo excepto cuando se le ordene. La Sumisa debe agachar los ojos, guardar silencio y mostrarse respetuosa en presencia del Amo.
  • Durante la vigencia del contrato, la Sumisa solo llevará ropa que el Amo haya aprobado.
  • Y un larguísimo etcétera.

 

Entiendo que para gustos, los colores, y que cada persona lee y hace lo que le da la real gana (siempre y cuando no sobrepase los derechos de otro), pero me molesta muchísimo el triunfo de un libro así. Porque yo sé el porqué de ello, y es por Christian Grey.

He escuchado/leído comentarios tipo “esperando a mi Christian Grey”, “No existen hombre como Grey”, “Ojalá un Grey en mi vida”. La protagonista es capaz de dejarse hacer cualquier cosa simple y llanamente por el atractivo que tiene un desconocido. Y sé que a much@s les pasa igual, firmarían contratos como el anterior para tener a un hombre sexy y rico y al que excitar en sus vidas. Seguro que si Grey no fuera tan atractivo y no tuviera ni un duro – pues lleva a Anastasia a hoteles lujosos en helicóptero privado pilotado por él – ninguna se interesaría por él y menos por sus contratos. Y es así y no exagero. Si no me creéis, aquí expongo un par de ejemplos:

  • ¿Recordáis al criminal más guapo del mundo? Para el que no lo conozca leed esto. El artículo dice “su retrato tiene más de 101.000 «me gusta» y ha generado más de 26.700 comentarios del orden de «¡Hazme un hijo!» , «¿Podemos estar esposados juntos?», «Puede secuestrarme cuando quiera. Retenme en contra de mi voluntad» o «Esto demuestra que hay algunas personas que nunca se dedican a su potencial verdadero y la mayoría de nosotras nos dejamos engañar por una sonrisa y unos ojos bonitos»”. Estamos hablando de un CRIMINAL. Finalmente, este suertudo y atractivo delincuente firmó un contrato con una agencia de modelos, valorado en 30.000 dólares. ¡Un delictivo don nadie recibiendo esa cantidad de dinero sólo por su físico! De locos.
  • El siguiente vídeo es un experimento donde vemos a mujeres siendo invitadas por un desconocido a subir a su coche. Las féminas primero rechazan, pero al saber que el desconocido tiene un Ferrari cambian de opinión. Incluso una se sube al coche dejando a su novio en la acera…

 

Por estas cosas estoy tan enfadada. Porque soy mujer y me siento insultada por mi propio sexo. Porque la escritora de 50 Sombras de Grey está ganando un pastizal gracias a la sociedad de la imagen en la que vivimos. Porque incluso van a sacar una película, para todas aquellas personas que aun siendo Best Seller no tocan un libro también piensen lo maravillosa que sería la vida si de repente un millonario desconocido te hiciera suyo.

Yo misma podría reinventar la historia. ¿Acaso nadie ha visto nunca Crímenes Imperfectos? Podría hacer que el helicóptero de Grey no llevara a Anastasia a un lujoso hotel. Podría hacer que la llevara al extranjero y la explotara como prostituta, y así dar una lección al mundo de que una cara bonita no es sinónimo de bondad.

¿Qué os parecería?

Malditos conciertos.

¿Nunca habéis ido a un concierto y os habéis reprimido comprar algo a causa de su elevado precio? Y no me refiero a merchandising, sino a algo más “vital”, como es el comer o el beber.

Pues a mí sí me ha pasado, y me enfada.

Según la hora que llegues, puedes estar más o menos horas haciendo cola, pero siempre al aire libre. En invierno te mueres de frío y en verano suerte si no te da una insolación. Vas provisionado de comida y bebidas con la idea ya en mente de que tienes que comértelo todo te apetezca o no antes de entrar porque sabes que si no su destino va a ser la basura, ya que está prohibido entrar con comida en este tipo de eventos.

El caso es entrar al recinto sin nada comestible. Pero el cuerpo no es inmune, y tarde o temprano notarás cómo te pide algo. Lo más normal suele ser agua, ya que estamos hablando de recintos cerrados con muchísimas personas juntas dándolo todo o bien abiertos con el pleno sol estival quemándote la cabezota.

Y cuando ya no puedes más no te queda otra que comprar esa botellita de agua de dos euros que se termina en un par de tragos o, peor aún, te dan un VASO de agua con el que tienes que quedarte inmóvil entre el gentío, vaya a ser que se te vuelque, lo derrames todo y, para más inri, fastidies a alguien mojándolo. Y luego, gástate otros dos euros para que no te de un mareo.

Ya, de comida, mejor ni hablar.

Y es que lo que más me enfada son estos precios abusivos. Quizás quejarse por dos euros la botellita de agua parezca exagerado – ya que una botella no suele ser suficiente -, pero hay quienes antes de eso han tenido que coger un tren, un autobús, un taxi… y a la vuelta más de lo mismo; y al final acaban contando sus monedas por si luego no le dan para volver. Y eso tiene sus consecuencias. Yo ya he presenciado dos insolaciones, el más grave de ellos en una plaza de toros en pleno agosto; tuvieron que llevarse al chaval en  una camilla antes de que saliera el cantante en escena.

Y estoy tan pero que tan segura de que si bajaran los precios, de que si se pusieran de nuestra parte, ganarían más dinero, si eso es lo que quieren. No es lo mismo que un grupito amigos se gaste mucho más de diez euros en comer y beber – después de estar horas y horas de pie esperando – a que se gasten la mitad: más personas comprarían, menos problemas de salud y más dinero rularía entre los organizadores, eso ante todo (entiéndase la ironía).

Así que ya sabéis, si tenéis pensado ir en un futuro próximo o lejano a un concierto, y además vais a ir antes para coger buenos sitios, intentad esconder vuestros víveres donde sea (obviamente una mochila no vale, que te la registran – aunque no siempre todos los bolsillos), o llevaros un tapón de botella de repuesto, que en algunos  conciertos te dejan entrar con ella pero te quitan el tapón.

¡Sacad vuestro lado más ninja y que la sed/el hambre no os fastidie la velada!

Un besín.

Selwo Aventura y yo.

Como amante de los animales que soy, no puedo más que compartir mi pasada experiencia en el zoológico Selwo Aventura de Estepona, que duró del 26 al 27 de junio.

Para llegar al zoológico, mi pareja y yo tuvimos que coger dos autobuses: uno Torremolinos-Marbella y otro Marbella-Paradaquetedeja”cerca”delSelwo. Y entrecomillo ‘cerca’ porque la parada está a los pies de una graaaaaan cuesta hacia arriba. But nothing is impossible! Es un buen trote del que se sobrevive. Aunque los malagueños estamos de suerte, pues todos los viernes en Portillo pasa un autobús gratuito que te lleva al Selwo (previa reserva) y te trae de vuelta, siempre y cuando, una vez allí, compres tu entrada para el parque.

Nota: mi pareja y yo no cogimos este autobús no porque nos guste gastar, sino porque teníamos una cabaña reservada para el jueves.

Una vez que llegas allí y lo exploras un poco, te das cuenta de la inmensidad del parque. Yo lo dividiría en dos partes: el Poblado Central y el resto. ¿Por qué? Porque el Poblado Central es lo único que vimos de pasada, pues en un día (casi que dos) no da tiempo a nada, sobre todo si vas con intenciones de sacar fotografías, como era nuestro caso.

Total, el parque no solo es guay de por sí, sino que también se puede “interactuar” con algunos bichejos: por ejemplo, se te puede cruzar un grupito de patos o una mamá pato con sus polluelos que muy amablemente se dejan alimentar, o puedes entrar en un recinto inundado de cabras la mar de tiernas o, mejor aún, los lémures: nada más entrar en su zona, vinieron unos cuantos hacia mí. Me senté en el suelo y, literalmente, se me echaron encima. Se supone que está prohibido tocarlos, ¡pero eran ellos los que me tocaban a mí! Cogían mi cámara, el móvil, mordisqueaban mi pantalón… Así que entre tanta confianza decidí rascar la espalda de uno, que en seguida se tumbó a disfrutar. ¡Qué geniales son!

Desde entonces, siempre estoy diciendo que volveré al Selwo simple y llanamente para pasar una tarde con ellos.

 

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También escribo sobre los poblados del Selwo, ya que tuve la oportunidad de alojarme una noche en uno de ellos, más concretamente el Watu, que está situado en lo más alto del parque. Para llegar allí, tienes que pedir en recepción que te suban, y lo mismo pasa al bajar, tienes que pedir por walkie talkie que venga una furgoneta a por ti. Puede parecer un poco coñazo, pero la verdad es que son rápidos y el camino en coche es corto – que si eres muy valiente puedes hacerlo a pie, siguiendo unas señales rojas en el suelo, pero definitivamente si quieres seguir vivo no lo recomiendo.

Una vez que llegas al poblado y entras en tu cabañita (en mi caso la número 1), sientes que estás en un sitio muy acogedor diseñado al estilo africano. A pesar de no ser muy grande, la cabaña tiene sofá, televisión, aire acondicionado, nevera, una gran cama de matrimonio, armario, mesita y un cuarto de baño con bañera hidromasaje. Suena bien, ¿eh? Además, si hace mucho calor y no queréis usar el aire (hay que dejar una fianza de 30€ por él + mando de televisión), podéis abrir la ventana con vistas al mar, que hay mosquitera 😉

También se pueden dar paseos nocturnos, pero eso merece más la pena en el otro poblado, el Masai, pues está en el corazón del Selwo, en medio de todo el meollo animal. Arriba, en el poblado Watu, poco se puede pasear.

Ahora, lo más feo del asunto: el precio. La estancia por persona adulta y noche es de 66€ en temporada baja. Sí, muere. PEEEEEERO, mi pareja y yo pagamos 6€ cada uno. ¿Cómo hemos conseguido quitarle un seis a ese disparatado precio? Con un pase anual.

En abril decidimos sacarnos el pase anual porque en los zoológicos puedo disfrutar de lo que más me gusta: los animales y mi cámara. El pase anual también es carete, otros sesenta eurazos, pero entras gratis a los dos selwos, al teleférico, la estancia rebajadísima en los poblados, rebaja en el Parque Acuático Mijas, y muchas más ofertas que podéis ver aquí.

Los que vivan fuera de Málaga (sobre todo Madrid) o suelan salir, les va a gustar mucho el Talonario de la Diversión que añaden al pase anual, en el que hay muchísimas ofertas buenísimas para parques de atracciones, zoológicos, parques acuáticos… Es un talonario genial, para todo aquel que pueda aprovecharlo, claro.

Mi consejo es que si vas a explotar a tope la tarjeta, merece la pena ahorrar y sacársela, porque al final lo caro sale barato 😛

Ah, por cierto, ¡renovarla el año siguiente cuesta la mitad de precio!

 

Espero que os haya gustado este “pequeño” post. Si tenéis alguna duda o algo que decir podéis dejar un comentario.

¡Un besín!