Déjà vu infantil.

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Me gustas así como cuando de pequeña se derretía el algodón de azúcar en mi boca. Y tus besos en la nuca son igual de electrizantes como los Peta Zetas. Cuando nuestras lenguas se rozan siento la misma explosión que cuando tenía un Bubbaloo en la boca, lo mordía y salía todo el liquidito. Me das la misma alegría infantil que mi capítulo favorito de Mickey Mouse. No, más bien, la misma alegría que sentía cuando Odie me despertaba a besos/lametazos. Cuando me acurruco en tus brazos – en mi sitio VIP – siento la misma calidez que sentía en las mañanas que notaba el sol en mi piel y escuchaba al afilador, intentado descubrir la identidad de ese  “misterioso flautista repetitivo”. No, creo que se parece más a cuando sacaba la cabeza por la ventanilla del coche en una gasolinera y cerraba los ojos, disfrutando del olor a gasolina. Porque verte de sorpresa me alegra igual que los regalos que me dejaba el escurridizo de Papá Noel, que nunca se dejaba ver, por mucho que lo buscase con mi hermana por la barriada en la fría noche del 24 de diciembre. Me gusta que me digas “ven aquí” (y lo que le sigue) casi tanto como el ruido de las hojas secas al ser pisoteadas. Porque también me haces feliz como cuando se comía Telepizza, cuando se me caía un diente y venía el Ratoncito Pérez, cuando faltaban horas para que llegase la Tita Tarja de Finlandia, cuando mi madre me cogía del dedo gordo del pie y decía “todi-dodi”; aunque también tienes el poder de hacerme sentir igual que el día que mi madre grabó sin querer sobre mi VHS de Michael Jackson, o como cuando se me quedó la mano atrapada en una máquina de bolas en medio de un centro comercial, o como cuando no podía ir a casa de mis hermanas, o como cuando se murió mi primer hámster, o como cuando no venía Nukkumatti a echarme su unihiekkaa, o como el día que descubrí que América no se colonizó a través de la palabra, la paz y la amistad: triste.

¿Pero sabes qué es lo mejor? Que siempre intentas hacerme reír como lo hacían mis películas de Mr. Bean. Y a veces te gusta sorprenderme igual que el día que descubrí que mi mancha rosa del pie no lo tienen todos los seres humanos de este planeta. O me ayudes a lograr mis metas, como me ayudaron en su día a comprarme la Game Boy Advance, junto con el juego de Super Mario Bros y Pokémon Rojo, mi mayor tesoro.

 

Eso eres, un constante déjà vu infantil.

Indignada con ’50 Sombras de Grey’

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Hace un par de días comencé a leer 50 Sombras de Grey. Tengo amigas y conocidas que adoran la trilogía. Por su temática – a mi parecer – machista sabía que no me iba a gustar pero, como todo, merecía una oportunidad.

Pues bien, lo he dejado en la página 135 de 540. Y no, NO es normal en mí dejar a medias un libro. Es más, es la segunda vez en mi vida que ocurre.

Y es que este libro me repatea las entrañas, principalmente por dos asuntos:

  1. Su lenguaje. Yo lo definiría como “un libro escrito por una adolescente para adolescentes”. Pienso que uno de los motivos de su triunfo es sencillamente que la gente no lee. Cuando cojo el libro, siento que leo esto: “ay tía, creo que le gustas. ¡Pero qué dices! Yo no puedo gustarle a un hombre tan guapo y perfecto… Ay, ¿será que le gusto? ¡Ay tía qué nervios jó!”, etcétera. La escritora no sabe dar pinceladas, no sabe de sutilezas, no, ella te tira el bote de pintura encima. Si los/las amantes de Christian Grey exploraran más, encontrarían verdaderas joyas literarias, una escritura que te relames del gusto. Además, que libros eróticos han existido de siempre, 50 Sombras de Grey no ha sido ninguna novedad ni rompe tabúes ni moderno. A decir verdad, nunca he leído uno, pero apuesto a que los hay mejores. Es más, ni siquiera hay que leer libros específicamente eróticos para excitarse, los hay que también humedecen…
  1. Su fama. *Minispoiler* El libro trata de una jovencita inocente recién graduada, Anastasia Steele, que nunca se ha enamorado – ni siquiera ha probado el alcohol – y por cosas del destino conoce a un apuestísimo, famosísimo y riquísimo empresario, Christian Grey. Ella se enamora de él a primera vista y le desea, quiere vivir con él todo aquello que no ha vivido antes, aunque no le conozca de nada. A Grey también le gusta Anastasia, aunque tampoco la conozca de nada. Grey es un hombre MUY autoritario, tanto, que para acostarse con Anastasia y hacer sus sadojueguecitos ella tiene que firmar ciertos contratos con reglas tales que así:
  • La Sumisa estará disponible para el Amo desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, todas las semanas durante la vigencia del contrato, a horas a especificar por él.
  • El Amo acepta el control, el dominio y la disciplina de la Sumisa durante la vigencia del contrato. El Amo puede utilizar el cuerpo de la Sumisa en cualquier momento durante las horas asignadas, o en horas adicionales acordadas, de la manera que considere oportuno, en el sexo o en cualquier otro ámbito.
  • El Amo mantendrá un entorno estable y seguro en el que la Sumisa pueda llevar a cabo sus obligaciones para servir al Amo.
  • El Amo no prestará su Sumisa a otro Amo.
  • La Sumisa servirá al Amo en todo aquello que el Amo considere oportuno y debe hacer todo lo posible por complacer al Amo en todo momento.
  • La Sumisa aceptará sin cuestionar todas y cada una de las acciones disciplinarias que el Amo considere necesarias, y en todo momento recordará su papel y su función ante el Amo.
  • La Sumisa no se tocará ni se proporcionará placer sexual sin el permiso del Amo.
  • La Sumisa no mirará directamente a los ojos al Amo excepto cuando se le ordene. La Sumisa debe agachar los ojos, guardar silencio y mostrarse respetuosa en presencia del Amo.
  • Durante la vigencia del contrato, la Sumisa solo llevará ropa que el Amo haya aprobado.
  • Y un larguísimo etcétera.

 

Entiendo que para gustos, los colores, y que cada persona lee y hace lo que le da la real gana (siempre y cuando no sobrepase los derechos de otro), pero me molesta muchísimo el triunfo de un libro así. Porque yo sé el porqué de ello, y es por Christian Grey.

He escuchado/leído comentarios tipo “esperando a mi Christian Grey”, “No existen hombre como Grey”, “Ojalá un Grey en mi vida”. La protagonista es capaz de dejarse hacer cualquier cosa simple y llanamente por el atractivo que tiene un desconocido. Y sé que a much@s les pasa igual, firmarían contratos como el anterior para tener a un hombre sexy y rico y al que excitar en sus vidas. Seguro que si Grey no fuera tan atractivo y no tuviera ni un duro – pues lleva a Anastasia a hoteles lujosos en helicóptero privado pilotado por él – ninguna se interesaría por él y menos por sus contratos. Y es así y no exagero. Si no me creéis, aquí expongo un par de ejemplos:

  • ¿Recordáis al criminal más guapo del mundo? Para el que no lo conozca leed esto. El artículo dice “su retrato tiene más de 101.000 «me gusta» y ha generado más de 26.700 comentarios del orden de «¡Hazme un hijo!» , «¿Podemos estar esposados juntos?», «Puede secuestrarme cuando quiera. Retenme en contra de mi voluntad» o «Esto demuestra que hay algunas personas que nunca se dedican a su potencial verdadero y la mayoría de nosotras nos dejamos engañar por una sonrisa y unos ojos bonitos»”. Estamos hablando de un CRIMINAL. Finalmente, este suertudo y atractivo delincuente firmó un contrato con una agencia de modelos, valorado en 30.000 dólares. ¡Un delictivo don nadie recibiendo esa cantidad de dinero sólo por su físico! De locos.
  • El siguiente vídeo es un experimento donde vemos a mujeres siendo invitadas por un desconocido a subir a su coche. Las féminas primero rechazan, pero al saber que el desconocido tiene un Ferrari cambian de opinión. Incluso una se sube al coche dejando a su novio en la acera…

 

Por estas cosas estoy tan enfadada. Porque soy mujer y me siento insultada por mi propio sexo. Porque la escritora de 50 Sombras de Grey está ganando un pastizal gracias a la sociedad de la imagen en la que vivimos. Porque incluso van a sacar una película, para todas aquellas personas que aun siendo Best Seller no tocan un libro también piensen lo maravillosa que sería la vida si de repente un millonario desconocido te hiciera suyo.

Yo misma podría reinventar la historia. ¿Acaso nadie ha visto nunca Crímenes Imperfectos? Podría hacer que el helicóptero de Grey no llevara a Anastasia a un lujoso hotel. Podría hacer que la llevara al extranjero y la explotara como prostituta, y así dar una lección al mundo de que una cara bonita no es sinónimo de bondad.

¿Qué os parecería?