Malditos conciertos.

¿Nunca habéis ido a un concierto y os habéis reprimido comprar algo a causa de su elevado precio? Y no me refiero a merchandising, sino a algo más “vital”, como es el comer o el beber.

Pues a mí sí me ha pasado, y me enfada.

Según la hora que llegues, puedes estar más o menos horas haciendo cola, pero siempre al aire libre. En invierno te mueres de frío y en verano suerte si no te da una insolación. Vas provisionado de comida y bebidas con la idea ya en mente de que tienes que comértelo todo te apetezca o no antes de entrar porque sabes que si no su destino va a ser la basura, ya que está prohibido entrar con comida en este tipo de eventos.

El caso es entrar al recinto sin nada comestible. Pero el cuerpo no es inmune, y tarde o temprano notarás cómo te pide algo. Lo más normal suele ser agua, ya que estamos hablando de recintos cerrados con muchísimas personas juntas dándolo todo o bien abiertos con el pleno sol estival quemándote la cabezota.

Y cuando ya no puedes más no te queda otra que comprar esa botellita de agua de dos euros que se termina en un par de tragos o, peor aún, te dan un VASO de agua con el que tienes que quedarte inmóvil entre el gentío, vaya a ser que se te vuelque, lo derrames todo y, para más inri, fastidies a alguien mojándolo. Y luego, gástate otros dos euros para que no te de un mareo.

Ya, de comida, mejor ni hablar.

Y es que lo que más me enfada son estos precios abusivos. Quizás quejarse por dos euros la botellita de agua parezca exagerado – ya que una botella no suele ser suficiente -, pero hay quienes antes de eso han tenido que coger un tren, un autobús, un taxi… y a la vuelta más de lo mismo; y al final acaban contando sus monedas por si luego no le dan para volver. Y eso tiene sus consecuencias. Yo ya he presenciado dos insolaciones, el más grave de ellos en una plaza de toros en pleno agosto; tuvieron que llevarse al chaval en  una camilla antes de que saliera el cantante en escena.

Y estoy tan pero que tan segura de que si bajaran los precios, de que si se pusieran de nuestra parte, ganarían más dinero, si eso es lo que quieren. No es lo mismo que un grupito amigos se gaste mucho más de diez euros en comer y beber – después de estar horas y horas de pie esperando – a que se gasten la mitad: más personas comprarían, menos problemas de salud y más dinero rularía entre los organizadores, eso ante todo (entiéndase la ironía).

Así que ya sabéis, si tenéis pensado ir en un futuro próximo o lejano a un concierto, y además vais a ir antes para coger buenos sitios, intentad esconder vuestros víveres donde sea (obviamente una mochila no vale, que te la registran – aunque no siempre todos los bolsillos), o llevaros un tapón de botella de repuesto, que en algunos  conciertos te dejan entrar con ella pero te quitan el tapón.

¡Sacad vuestro lado más ninja y que la sed/el hambre no os fastidie la velada!

Un besín.

Selwo Aventura y yo.

Como amante de los animales que soy, no puedo más que compartir mi pasada experiencia en el zoológico Selwo Aventura de Estepona, que duró del 26 al 27 de junio.

Para llegar al zoológico, mi pareja y yo tuvimos que coger dos autobuses: uno Torremolinos-Marbella y otro Marbella-Paradaquetedeja”cerca”delSelwo. Y entrecomillo ‘cerca’ porque la parada está a los pies de una graaaaaan cuesta hacia arriba. But nothing is impossible! Es un buen trote del que se sobrevive. Aunque los malagueños estamos de suerte, pues todos los viernes en Portillo pasa un autobús gratuito que te lleva al Selwo (previa reserva) y te trae de vuelta, siempre y cuando, una vez allí, compres tu entrada para el parque.

Nota: mi pareja y yo no cogimos este autobús no porque nos guste gastar, sino porque teníamos una cabaña reservada para el jueves.

Una vez que llegas allí y lo exploras un poco, te das cuenta de la inmensidad del parque. Yo lo dividiría en dos partes: el Poblado Central y el resto. ¿Por qué? Porque el Poblado Central es lo único que vimos de pasada, pues en un día (casi que dos) no da tiempo a nada, sobre todo si vas con intenciones de sacar fotografías, como era nuestro caso.

Total, el parque no solo es guay de por sí, sino que también se puede “interactuar” con algunos bichejos: por ejemplo, se te puede cruzar un grupito de patos o una mamá pato con sus polluelos que muy amablemente se dejan alimentar, o puedes entrar en un recinto inundado de cabras la mar de tiernas o, mejor aún, los lémures: nada más entrar en su zona, vinieron unos cuantos hacia mí. Me senté en el suelo y, literalmente, se me echaron encima. Se supone que está prohibido tocarlos, ¡pero eran ellos los que me tocaban a mí! Cogían mi cámara, el móvil, mordisqueaban mi pantalón… Así que entre tanta confianza decidí rascar la espalda de uno, que en seguida se tumbó a disfrutar. ¡Qué geniales son!

Desde entonces, siempre estoy diciendo que volveré al Selwo simple y llanamente para pasar una tarde con ellos.

 

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También escribo sobre los poblados del Selwo, ya que tuve la oportunidad de alojarme una noche en uno de ellos, más concretamente el Watu, que está situado en lo más alto del parque. Para llegar allí, tienes que pedir en recepción que te suban, y lo mismo pasa al bajar, tienes que pedir por walkie talkie que venga una furgoneta a por ti. Puede parecer un poco coñazo, pero la verdad es que son rápidos y el camino en coche es corto – que si eres muy valiente puedes hacerlo a pie, siguiendo unas señales rojas en el suelo, pero definitivamente si quieres seguir vivo no lo recomiendo.

Una vez que llegas al poblado y entras en tu cabañita (en mi caso la número 1), sientes que estás en un sitio muy acogedor diseñado al estilo africano. A pesar de no ser muy grande, la cabaña tiene sofá, televisión, aire acondicionado, nevera, una gran cama de matrimonio, armario, mesita y un cuarto de baño con bañera hidromasaje. Suena bien, ¿eh? Además, si hace mucho calor y no queréis usar el aire (hay que dejar una fianza de 30€ por él + mando de televisión), podéis abrir la ventana con vistas al mar, que hay mosquitera 😉

También se pueden dar paseos nocturnos, pero eso merece más la pena en el otro poblado, el Masai, pues está en el corazón del Selwo, en medio de todo el meollo animal. Arriba, en el poblado Watu, poco se puede pasear.

Ahora, lo más feo del asunto: el precio. La estancia por persona adulta y noche es de 66€ en temporada baja. Sí, muere. PEEEEEERO, mi pareja y yo pagamos 6€ cada uno. ¿Cómo hemos conseguido quitarle un seis a ese disparatado precio? Con un pase anual.

En abril decidimos sacarnos el pase anual porque en los zoológicos puedo disfrutar de lo que más me gusta: los animales y mi cámara. El pase anual también es carete, otros sesenta eurazos, pero entras gratis a los dos selwos, al teleférico, la estancia rebajadísima en los poblados, rebaja en el Parque Acuático Mijas, y muchas más ofertas que podéis ver aquí.

Los que vivan fuera de Málaga (sobre todo Madrid) o suelan salir, les va a gustar mucho el Talonario de la Diversión que añaden al pase anual, en el que hay muchísimas ofertas buenísimas para parques de atracciones, zoológicos, parques acuáticos… Es un talonario genial, para todo aquel que pueda aprovecharlo, claro.

Mi consejo es que si vas a explotar a tope la tarjeta, merece la pena ahorrar y sacársela, porque al final lo caro sale barato 😛

Ah, por cierto, ¡renovarla el año siguiente cuesta la mitad de precio!

 

Espero que os haya gustado este “pequeño” post. Si tenéis alguna duda o algo que decir podéis dejar un comentario.

¡Un besín!